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La Taba



LA TABA

Las tabas era un juego al que solamente jugaban las chicas. Se utilizaban seis tabas, a veces pintadas de distintos colores ,y un pitón- especie de canica de cristal o de acero. Como el pitón tenia que botar solo se podía jugar en las escaleras de Portales , que eran, son, de piedra pulida o en algún sitio -muy raro- donde el pitón diese un bote limpio.

Para jugar, las chicas se arrodillaban en la escalera de abajo o se sentaban de lado; sacaban las seis tabas y el pitón de unas bolsitas hechas de tela que traían en sus bolsos o cabases de clase, cogían las tabas entre las dos manos y las dejaban caer sobre el suelo. Después se echaba el pitón al alto , y había que volver las tabas , una a una , dos a dos , o como se pudiera y coger el pitón antes de que diese el segundo bote. Se volvía a echar al alto y se repetía hasta que las seis tabas estuvieran en pecas o correas. Se volvían a echar las tabas y se repetía con hoyos o güitos; después con culos y al final con carnes.

Se perdía la vez cuando o no se volvía ninguna taba o el pitón daba dos botes. Entonces la opnente empezaba su juego. Cuando esta perdía , la primera jugadora volvía al juego saltándose las fases que hubiera completado: "voy a hoyos" se decía, o a "carnes..."

Había algunas chicas tan hábiles que eran capaces de mover más de una taba en cada bote o darles la vuelta completa ; lo más normal era, sin embargo que se fuese de una en una y de lado en lado.

A veces se complicaba el juego recogiéndolas tabas después de haber puesto todas en la misma posicón, o dando una palmada antes de mover las tabas, con lo que se acortaba el tiempo que se tenía para moverlas.

(La taba es el hueso "astrágalo" que aparece en las patas de las reses. Tiene cuatro caras)

TIRÉ LO QUE VI, MATÉ LO QUE NO VI


TIRÉ LO QUE VI, MATÉ LO QUE NO VI

La princesa que no puede resolver el acertijo

Una vez el rey publicó que el que dijera un dicho que no lo
acertaran entre cien abogaos, se casaba con su hija. Y entonces,
había un pastor con ganao, y dice que se va a decir el dicho a la
hija del rey. Y tenía un perro que se llamaba Pablos. Y su madre
no quería que se fuera, y entonces, en vista de que se empeñó en
irse, la madre le echó un pan envenenao, y cuando iba el camino
alante, un camino alante, que hacía mucha calor, ya se paró debajo
de unos árboles, a sestear, y fue a comer y lo primero que hizo
fue echar un cacho pan al perro, y el perro se murió.
Él se retiró un poco y se echó la siesta, y cuando dispertó, habían
bajao dos cuervos a comer del perro, y se habían muerto. Cogió los
cuervos, los peló, y salió marchando con ellos en la mano. Y cuando
se le echó la noche encima, vio una luz, se acerca y era una lumbre,
y había tres bandoleros. Dicen que ánde va. Dice:
–Voy a decirle el dicho a la hija del rey.
–¿Y qué llevas ahí?
Dice:
–Dos perdices que he cogío y las llevo pa comer.
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–Pos nos las tienes que dar, y, si no, te matamos.
–¡Pero, hombre! –dice–, coméroslas si queréis.
Se comieron los tres bandoleros las perdices, que eran dos
cuervos, y se murieron. Entonces dice:
–Pablos muerto mata a dos,
dos mataron a tres.
Salió camino alante, cogió un trabuco de los bandoleros, y ya
que iba más alante vio una liebre. Fue a tirarla, porque llevaba
bastante hambre, y en ver de darla a la liebre, dio a un conejo
que había acostao en la cama. Dice:
–Por tirar lo que vi,
maté lo que no vi.
Cogió el conejo en la mano, salió marchando, y vio una casa.
No había monte ni na pa hacer lumbre, y fue a la casa, que era
una ermita, entró por una ventana y agarró y con los libros del
cura, de decir misa, asó la liebre y se la comió, y luego bebió en el
agua de la pila bendita. Cuando allegó a palacio y entró, le dijo el
dicho a la hija del rey:
–Pablos muerto mató a dos,
dos mataron a tres;
tiré a lo que vi,
maté lo que no vi,
comí carne asá con letras
y bebí agua que no atopaba
ni al cielo ni a la tierra.
Herrera del Duque,